Un nerviosismo extraño, de curiosidad, de incertidumbre. De pesadumbre y de esperanza. Una mezcla de sentimientos en un tiempo tan convulso. Pero lo que prima es la esperanza. Es la fe. Es la confianza de que somos más de lo que creemos ser, de que debemos mantener altas las expectativas, por que eso es lo que nos llevará más lejos: debemos creer en nosotros mismos.
Así es como llegué a este día. En un silencio cuidadoso, por el entorno variado en el que me suelo mover, donde me llevé más de una sorpresa por las opciones y opiniones de mis cercanos. Sorpresa, no grata ni ingrata, si no que legítima sorpresa de ir conociendo las posiciones, miedos y esperanzas, de mis más queridos, de a poco, con cuidado. Conversaciones gratas, que a todos nos fueron ayudando a dirimir la opción final.
Nos levantamos con calma. Me preocupé de que desayunáramos bien, sano y contundente, y cada cual leyó el diario con soberana calma, hasta me di el tiempo de completar mi sudoku dominguero. Ya hora de levantarse, decidimos por lo práctico y creo que en el fondo por un espacio de tradición, cada uno almorzar con su familia luego de votar. Por lo que partí yo, y mi pequeña/o dentro de mi, rumbo a mi local de votación.
Tuve suerte; llegué caminando, de pura coincidencia, justo a la entrada con fila preferente (si no, nunca me hubiera enterado) y por mi condición de embarazada, me trataron como tal. Por lo que mi deber y derecho cívico pude cumplirlo con total prontitud, luego yendo a almorzar con mi familia original.
Finaliza ya el día y el resultado es brutal. Las bocinas no dejan de sonar afuera en ese ritmo de celebración que hacía tiempo (y menos a esta hora) se dejaba escuchar. Sale elegida mi opción, con mucho mayor aprobación de la esperada. Estoy tranquila, pero a la vez inquieta, pues aunque todos en el fondo sabíamos que este iba a ser el camino, hoy comienza un delicado proceso, que esperamos que tenga un resultado maravilloso - ahí están las apuestas - pero a su vez tan frágil en un mundo como el de hoy.
Las expectativas de su resultado son altas, son amplias, son dispersas. Probablemente la nueva constitución no abordará ni una centésima parte de ellas. Por eso, las expectativas deben estar puestas en nosotros, como ciudadanos, como país, de lo que podemos construir a partir de este proceso de formulación de la nueva constitución. Hay tanto más que escuchar, que clama por cambios que no quedarán - no pueden quedar - plasmados en el papel. Hay tanto orgullo que dejar de lado, y atreverse a pensar soluciones distintas, con sensatez, con humildad, valorando lo que distintos sectores puedan aportar. Este proceso de nueva constitución, espero que nos permita a todos reflexionar y revalorar, tantos temas y ámbitos, que si bien quizás no tengan cabida en nuestra carta magna, le den su significado propio y completo, construyendo una cultura en la que podamos sentirnos nuevamente en una casa común.
Con ese rayito de esperanza se acaba ya este día. Un día histórico, de una historia que recién comienza.
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