Se trata de la paz.
Buscar que el alma - sin miedo a decir alma - esté tranquila, aceptado lo pasado, lo vivido, lo decidido. Acogido. Que sin ella es difícil construir - y queremos construir. Que sin ella es difícil gozar del presente. Que sin ella es difícil aprontarse a un futuro indefinido, lleno de infinitas posibilidades. Infinitas, en su más profundo contexto: que el alma se inquiete y sienta la adrenalina de querer aceptar que cualquier cosa puede pasar y que quiero estar dispuesto.
Se trata de la paz, aunque haya pena. Dar al tiempo espacio de que haga su tarea, vaya tejiendo los jirones, mientras, la vida continúa y vas sintiendo cómo cuajan sentimientos sin descrito. Solo cuajan, se asientan, se aquietan. La mente sale del paso, debe salir, la discusión es inútil y dolorosa, y en el apuro, quiebra más profundo el alma.
Se trata de la paz, de calmar el suspiro. De acoger el vaivén del barco, y tantas veces el timón girando sin pronto destino. De aceptar el caos, levantar las cejas, y con el corazón despierto actuar con ritmo, estirar el brazo y tomar una sola cuerda, firmemente. Luego la otra, y de a poco retomar la calma y encontrar un puerto, ese puerto, todavía desconocido
Se trata de la paz. Y en definitiva, se trata de amar lo vivido.
Buscar que el alma - sin miedo a decir alma - esté tranquila, aceptado lo pasado, lo vivido, lo decidido. Acogido. Que sin ella es difícil construir - y queremos construir. Que sin ella es difícil gozar del presente. Que sin ella es difícil aprontarse a un futuro indefinido, lleno de infinitas posibilidades. Infinitas, en su más profundo contexto: que el alma se inquiete y sienta la adrenalina de querer aceptar que cualquier cosa puede pasar y que quiero estar dispuesto.
Se trata de la paz, aunque haya pena. Dar al tiempo espacio de que haga su tarea, vaya tejiendo los jirones, mientras, la vida continúa y vas sintiendo cómo cuajan sentimientos sin descrito. Solo cuajan, se asientan, se aquietan. La mente sale del paso, debe salir, la discusión es inútil y dolorosa, y en el apuro, quiebra más profundo el alma.
Se trata de la paz, de calmar el suspiro. De acoger el vaivén del barco, y tantas veces el timón girando sin pronto destino. De aceptar el caos, levantar las cejas, y con el corazón despierto actuar con ritmo, estirar el brazo y tomar una sola cuerda, firmemente. Luego la otra, y de a poco retomar la calma y encontrar un puerto, ese puerto, todavía desconocido
Se trata de la paz. Y en definitiva, se trata de amar lo vivido.
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