Y el árbol esta con todas las ataduras dispuestas. Cortan las venas callosas, sangra un poco de sabia, a la espera de que acaben de tensar, de asegurar.
La Hojas, comienzan a caer en cuenta, y agachan moño. No se secan, pero sí arrugan. Pierden fuerza. De ver sus pies atados, su fuente de vida. Vendría pronto la sierra, ese ruido que espanta a los pájaros - en la lejanía se les ve volar, escapar, aunque no se escuche el infierno.
Las ataduras cortan las venas.
Sangra la corteza, de sabia, densa y lenta.
Tensionan las cuerdas. Afirman.
Las Hojas, esperan.
Y nada pasa.
La sabia se agolpa, detén.
El viento y luz secan.
La corteza recrece en torno al cordel
La cuerda pierde tensión.
La Hojas, se aburren, se olvidan. Vuelven al vaivén.
Vuelve el sierrero y tensa la cuerda.
Ésta se rompe. Todas se rompen.
Sangra de sabia, un poco. Se seca.
La Hojas, ni enteran, bolean.
Y el árbol, más firme que nunca.
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